Teatro/De este lado

“Rompecabezas” y la salud mental

Rompecabezas, que escribe y dirige Berta Hiriart, resulta sustancial para visibilizar y romper con la idea de lo que es normal e insistir que lo normal es no ser normal. 
sábado, 28 de marzo de 2026 · 08:02

Los colaboradores de la sección cultural de Proceso, cuya edición se volvió mensual, publican en estas páginas, semana a semana, sus columnas de crítica (Arte, Música, Teatro, Cine, Libros). 

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Es un tabú hablar de la ansiedad, la depresión, las enfermedades mentales y la locura en los adolescentes. Como si el mundo feliz fuera una obligación o lo que es normal en las personas, sin aceptar las dificultades para enfrentar el mundo que nos rodea y los sentimientos y conflictos que cada persona vive. 

Por eso Rompecabezas, que escribe y dirige Berta Hiriart, resulta sustancial para visibilizar y romper con la idea de lo que es normal e insistir que lo normal es no ser normal. 

A través de los medios de comunicación y la cultura tradicional, se nos hace creer en este estado idealizado de felicidad de encajar con amigos, familia y círculos sociales, siendo que la unicidad de las personas y la aceptación de la diferencia es lo que nos permitirá disfrutar de la vida. 

En Rompecabezas, las actrices y el actor Mónica Bajonero, Andrea Cruz y Alberto Cerz adquieren diferentes personalidades y realidades por medio del manejo de títeres de papel y objetos. Crean una ficción que combinan con datos, documentos, análisis y todo en relación con la salud mental de los adolescentes y también de familiares cercanos. Tal es el caso de Camila, la protagonista, cuya mamá sufre una enfermedad mental y es ingresada a un psiquiátrico. 

Camila padece angustia, desesperación y depresión por lo que está viviendo, y la responsabilidad que tiene con su hermanita menor; por la imposibilidad de conseguir trabajo y los prejuicios acerca de los problemas de la mente y las emociones. Ella nos guía en esta historia enternecedora, con la que nos acercamos y alejamos emocionalmente, al salir y entrar en la ficción y observar el juego de los títeres de papel, a los manipuladores y a los actores que nos cuentan sobre lo que pasa en la adolescencia, las dificultades de los chicos y chicas del Movimiento del Orgullo Loco y de esa búsqueda de encontrar acomodo en este mundo. 

El teatro de títeres, los documentos, los actores y la historia que nos cuenta Bertha Hiriart, tienen los ingredientes que la hacen dinámica, juguetona y sensible; importante en su temática y en los problemas que plantea. Porque lateralmente al hablar de la salud mental de los jóvenes pone en cuestión el servicio hospitalario de los psiquiátricos, el mal servicio, los métodos de curación y lo que ocurre con el encierro. Muestra la capacidad de organizarse, manifestarse y en conjunto cobrar conciencia de que esta sensación de anormalidad, que no lo es, es compartida. 

En el recorrido de Camila en busca de ayuda, y de sí misma, se encuentra con diferentes personajes como?Happy Happy, la influencer que regala sonrisas e insiste en que todos tenemos que ver el lado bueno de la vida y creer que todo es pura felicidad; platica con su amigo, ansioso por la crisis ecológica, y con un activista que le abre ese otro lado del malestar para coincidir con otras personas y saber que una no es sólo la del problema o la única que?siente que no encaja. 

Rompecabezas cuenta con vitales actuaciones; alegres y determinadas, con proyección y empatía. Incluye música que se realiza en el escenario y cuyo diseño está a cargo Mónica Bajonero. En un espacio?con unos cuantos aditamentos que sirven para que los títeres se desarrollen o descansen, utilizando un panel metálico donde se colocan las piezas que se van juntando para dar sentidos. La iluminación y la escenografía están diseñadas por Roberto Paredes, y?él, junto con Alán Sáenz Burrola, igualmente realizan los títeres. 

Rompecabezas -que se presenta en el Foro la Gruta del Centro Cultural Helénico los sábados y domingos- les habla a los adolescentes y también a los adultos y a los niños, para comprender lo que se presenta como una enfermedad mental, y quitarle el miedo a ese mito de gravedad y reivindicar la terapia, la colectividad y el activismo para enfrentarla. Es una propuesta brillante, llena de ideas, juegos y estilos que nos hacen reflexionar y hacernos preguntas sobre la salud mental y la forma en que se puede vivir. 

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