Mario Vargas Llosa
Cincuenta años del puñetazo que le propinó Vargas Llosa a García Márquez
Hoy se cumplen exactamente 50 años de uno de los episodios más emblemáticos y controvertidos en la historia de la literatura hispanoamericana: el puñetazo que Mario Vargas Llosa le propinó a Gabriel García Márquez en el Palacio de Bellas Artes.CIUDAD DE MÉXICO (apro).-Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa fueron dos de los máximos exponentes del grupo de escritores que perteneció al llamdo “boom latinoamericano”. Pero hace cincuenta años, un puñetazo fracturó su amistad.
Hoy se cumplen exactamente 50 años de uno de los episodios más emblemáticos y controvertidos en la historia de la literatura hispanoamericana: el puñetazo que Mario Vargas Llosa le propinó a Gabriel García Márquez en el Palacio de Bellas Artes.
No solo marcó el fin abrupto de una amistad profunda entre dos colosos de las letras, sino que simbolizó la fractura ideológica y personal.
El incidente ocurrió la noche del 12 de febrero de 1976 durante el preestreno de la película La odisea de los Andes.
García Márquez, entonces de 48 años y en la cima de su fama gracias a Cien años de soledad, se acercó a Vargas Llosa con los brazos abiertos, gritando "¡Mario!".
El peruano, de 39 años y autor de obras como La ciudad y los perros, respondió con un derechazo certero que dejó al colombiano tendido en el suelo, con el ojo izquierdo hinchado y la nariz sangrando. "¡Por lo que le hiciste a Patricia en Barcelona!", exclamó Vargas Llosa, aludiendo a su esposa Patricia Llosa.
Testigos como la escritora Elena Poniatowska, quien estaba sentada cerca de García Márquez y su esposa Mercedes Barcha, describieron la escena como un shock inesperado.
El peruano buscó censurar el hecho y trató de que no se publicara la pelea, pero para su mala fortuna, se lo propuso a Julio Scherer García, quien publicaría un día después el desencuentro.
“Cuando no quiera que las cosas se publiquen, don Mario, no las haga en público”, aseguró Vargas Llosa que fue lo que le dijo el periodista.
Dos días después, el fotógrafo Rodrigo Moya capturó las icónicas imágenes de García Márquez con el ojo morado, que se convirtieron en símbolo del altercado.
Según versiones recopiladas por periodistas e historiadores, durante una separación temporal de Vargas Llosa y Patricia en 1975, García Márquez aconsejó a ella en Barcelona, donde ambos vivían. Algunos rumores sugieren avances románticos por parte del colombiano, aunque nunca confirmados. Vargas Llosa, al enterarse, sintió traicionada la amistad, lo que culminó en el golpe.
Las implicaciones fueron profundas. El puñetazo selló el fin de una amistad que había florecido en los 60, cuando ambos se conocieron en Caracas en 1967 y colaboraron en Barcelona, intercambiando manuscritos y apoyándose mutuamente. Vargas Llosa dedicó su tesis doctoral a García Márquez, titulada García Márquez: Historia de un deicidio, un gesto de admiración que hoy parece irónico. Tras el golpe, nunca volvieron a hablarse; García Márquez murió en 2014 sin reconciliación, y Vargas Llosa guardó silencio hasta el final.